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La secesión del arte contemporáneo

Los museos modernos se fundaron sobre la base de un ideal ilustrado: el valor universal de la experiencia artística. Hay otras instituciones, con poco público, que han dado lugar a una categoría separada del mercado, con sus propias ferias y subastas


http://elpais.com/elpais/2017/02/03/opinion/1486142484_013941.html




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http://www.circulobellasartes.com/exposiciones/bacon-la-cuestion-del-dibujo/
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http://www.bacontreviso.it/
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 Nadie tiene ni idea de Rothko

Varios expertos que han declarado en el juicio sobre la venta de arte falso en la galeria Knoedler de Nueva York han reconocido ante el juez Paul Gardephe que no distinguieron una obra falsa de una original cuando confirmaron la autenticidad de los cuadros. El juicio, que tiene en vela al mundo del arte, ha sido suspendido, provisionalmente, en la cuarta semana de su curso.

Stephen Polcari, de la Universidad de California y autor de Abstract expresionism and the modern experience, fue cuestionado de la forma siguiente: "¿Usted ha dicho que todos los rothkos se parecen?". A lo cual él contestó: "Sí, Rothko es famoso por tener estilo propio en su firma". El interrogatorio continuó: "Respecto a la firma, ¿podría distinguir una verdadera de una falsa?". El académico negó con la cabeza: "No".

Un cuadro de Rothko, vendido en el 2004 a Domenico y Eleanore De Sole por 8.3 milones de dólares (6.6 millones de euros), es la base de una de las demandas contra la galería. El experto en Rothko no es el único que ha tenido que reconocer su error ante el juez, David Anfam, autor del único catálogo razonado de la obra rothkiana, ha sido más sutil en su declaración al constatar que él nunca aseguró que fuesen falsos aunque tampoco confirmó que fuesen auténticos.

Las dudas no sólo afectan a artistas del calibre de Mark Rothko sino que el historiador Jack Flam, especialista en Robert Motherwell, tampoco se percató de la obra falsa en el 2006. Estos casos destaparon la red que falsificaba y vendía obras, supuestamente, de Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline, Sam Francis, Lee Krasner, Clyfford Still y Barnett Newman entre otros. Desde 1994, cuando la mexicana Glafira Rosales, en nombre del heredero de un coleccionista anónimo suizo (míster X), vendió el primer cuadro a Knoedler & Company, hasta 2009, unas 60 obras de arte (cuatro por año) fueron adjudicadas a coleccionistas y compradores por un total de 60 millones de euros de facturación, según las cifras que se han citado en el juicio. Los beneficios de la galería fueron de más del 50%, es decir, más de 30 millones de euros.

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REMBRANDT, BAJO LA LUZ INFRARROJA


Los pintores de cámara solían estar al servicio de reyes y príncipes. El acuerdo era doble: el monarca era inmortalizado por un gran artista —como Velázquez o Rubens— y estos veían reconocida su valía de forma universal. Rembrandt, el maestro holandés del Siglo de Oro, dependía de encargos bien pagados y de las modas. En su caso, el gran inconveniente no era perder el favor del mecenas.. El futuro lo marcaban los vaivenes de la fortuna del cliente y de la economía del momento histórico.

El artista dirigía además un taller con alumnos que participaban en sus cuadros. A certificar su autenticidad se ha dedicado durante 46 años el denominado Proyecto Rembrandt. En especial, el historiador del arte Ernst van de Wetering, que con ayuda de los rayos X y la luz infrarroja, acaba de entregar el sexto y último volumen de una obra completa (publicada por Springer) que cifra en 340 los cuadros creados por Rembrandt en solitario

Pintor además de estudioso, Van de Wetering no ha descubierto nuevas técnicas de investigación. Ha dejado a un lado el enfoque de lo que denomina la antigua escuela de conocedores de la obra de Rembrandt, para leer sus telas de otro modo. “Con los rayos X puedes ver si el prototipo del cuadro fue hecho por el pupilo o por el artista. Pero para reconstruir el proceso creativo hay que saber técnica pictórica, no solo teoría. Durante estos años, desde que me puse al frente del Proyecto tras las tres primeras entregas, he descubierto que el maestro hacía primero un boceto de las figuras, y luego pintaba el fondo. Empezaba por detrás y acababa por delante. En La ronda de noche, los dos personajes principales fueron pintados al final. Sin conocer este proceso no puede entenderse una radiografía”, dice, en plena promoción del último libro del Proyecto en la Feria de Fráncfort, que acabó ayer.

En 1934 un estudioso le atribuyó 613 piezas, casi el doble del real

En su búsqueda del carácter de Rembrandt, Van de Wetering ha ahondado en el modo de pensar del siglo XVII para concluir que el estilo no define al artista. “Un pintor no es un autómata, vive en progreso continuo. Rembrandt era un aventurero. Además, quería sobrepasar a los grandes nombres de la Antigüedad. En su tiempo, pensaban que el arte podía avanzar. Cuando comprendieron que nadie es mejor o peor, se vio que cada época tiene sus maestros. Hace casi un siglo, los historiadores decían que el estilo define el carácter. Por contra, yo creo que los pintores no lo siguen de forma consciente”.

El punto de partida de las investigaciones originales había sido la compilación de Abraham Bredius, el mayor estudioso del artista, que en 1934 señaló nada menos que 613 obras auténticas. Horst Gerson, historiador germano-holandés del arte, revisó a la baja la cifra y la dejó en 419 en un catálogo razonado. Para 1990, antes de que Van de Wetering tomara las riendas del Proyecto, ya solo había 144 rembrandtsverdaderos.

De la cronología inicial de sus antecesores, el experto pasó al enfoque temático. “Solo pensando en la función social de los autorretratos, cambia su significado. Había una demanda clara del mercado para estos temas, no eran solo producto de la introspección”, sigue Van de Wetering.


La búsqueda de la autoría de Rembrandt ha estado llena de sobresaltos. Tener o no tener su firma cambia por completo su valor mercantil, y uno de los más sonados fue el caso de Rembrandt sonriendo. Salió a subasta en Inglaterra en 2007 por 1.100 euros. Al final, la puja alcanzó 3,1 millones de euros.

El catálogo lo atribuia a un seguidor del maestro, pero había referencias de que podía tratarse de una pieza perdida. Así fue. “Algunos museos no aceptan nuestras atribuciones. El Metropolitan de Nueva York tiene un autorretrato que no consideran suyo. Pero hay otro debajo y la firma es del artista. Son tantos argumentos a favor…”, concluye el holandés, que a sus 76 años sabe esperar.

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La trama de obras de arte falsificadas llega a SuizaHasta Suiza ha saltado el escándalo de la gran trama de falsificación de obras de arte destapada en Nueva York, en abril pasado, con obras valoradas en 58 millones de euros. Estos nuevos hilos de la estafa internacional involucran al prestigioso comisario Oliver Wick, del Kunsthaus de Zúrich, quien habría dado por auténticos cuadros firmados por Rothko y recibido 400.000 euros por este peritaje.El país está alarmado ante la opacidad del mercado del arte, en el que la supuesta “autoridad” de los especialistas adquiere dimensiones enormes, en víspersas de que empiece el lunes Art Basel, la “madre de todas las ferias de arte". Por lo pronto, Wick ha renunciado al Kunsthaus, mientras una denuncia a su nombre ha sido realizada por la fiscalía de Zúrich. Sin embargo, Kristin Steiner, portavoz de la institución, dice que la renuncia del experto “no tiene ninguna relación con el caso de los 'rothko”.El escándalo salió a la luz gracias al juicio iniciado el pasado abril en Nueva York por Frank J. Fertitta III, multimillonario propietario de casinos de Las Vegas, quien compró el cuadro Untitled (Orange, Red and Blue) por 5,3 millones de euros gracias a las gestiones de la galería Knoedler, mientras que el “eminente experto” suizo habría recibido unos 400.000 euros por los servicios de consultoría prestados a la hora de dar por legítima una obra falsificada.Según revela un reportaje publicado por el influyente diario de Ginebra Le Temps, Pei –Shen Quian, un artista callejero chino del barrio de Queens, habría realizado por encargo una serie de imitaciones de piezas de grandes maestros americanos como Pollock, Motherwell o Rothko. Contratado en los años ochenta, este falsificador realizó reproducciones de obras usando elementos tan simples como saquitos de té o secadores de cabello. Sus telas se vendieron a lo largo de 14 años por la friolera de casi 60 millones de euros. En este fraude global está involucrado José Carlos Bergantiños Díaz, un empresario gallego que habría contratado los servicios de Pei. La estrategia de la trama no era imitar obras sino hacerlas pasar por cuadros recién descubiertos.Las obras falsificadas en Suiza llegaron a manos de la galería Knoedler a lo largo de varios años gracias a la intermediaria Glafira Rosales, quien encargaba los trabajos al falsificador chino. Rosales ha confesado la integridad de su estafa y se enfrenta a una pena de prisión que puede llegar hasta los 99 años.Oliver Wick, especialista en Rothko, ante cuadros del pintor.Pero el gran problema en este caso radica en que el especialista estadounidense Oliver Wick, de 52 años, no es un recién llegado ni un advenedizo, sino que es un nombre bien establecido en el mundillo del arte, quien ha llegado a ser comisario de muestras de Rothko en espacios tan prestigiosos como la Fundación Beyeler, de Basilea, donde presentó al menos dos cuadros falsos. Oliver Wick recibió 400.000 euros por su peritaje del falso Rothko, lo que “está muy por encima de los valores del mercado”, según afirman especialistas del mundo del arte.Wick no sólo habría certificado como buenos los cuadros falsos, sino que incluso habría declarado que las obras habían sido reconocidas por Christopher Rothko, hijo del legendario pintor estadounidense. Sin embargo, el hijo de Rothko, por su parte, ha negado "haber reconocido el cuadro en cuestión o haber dado garantía de autenticidad del mismo".

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